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viernes, 3 de diciembre de 2010

La grasa de la panza aumenta el riesgo de padecer osteoporosis

Una de las pocas ventajas posibles de tener sobrepeso ha sido rebatida.

En el pasado, los médicos habían sugerido que el exceso de grasa corporal, que está asociado con enfermedades del corazón, diabetes y muchos otros perjuicios al cuerpo, puede proteger a la persona contra la osteoporosis, la enfermedad de los huesos más común.

Pero ahora, un estudio encuentra que incluso eso puede ser engañoso. De hecho, la grasa de la barriga puede contribuir a la osteoporosis, dicen los científicos, cuya investigación será presentada en la Sociedad Radiológica de Norteamérica.

Eso se debe a que las células de grasa probablemente producen sustancias, aún no comprendidas, que generan enfermedad ósea, además de enfermedad cardiaca y diabetes, dijo la doctora Miriam Bredella, de la Escuela Médica de Harvard y el Hospital General de Massachusetts, en donde el estudio fue realizado.

Bredella y sus colegas observaron a 50 mujeres con pre menopausia y examinaron su grasa usando tomografía computarizada (TC), que puede distinguir entre los compartimientos de la grasa.

Dijo que el cuerpo humano tiene dos categorías de grasa: la grasa superficial, que está bajo la piel, y la grasa visceral, que rodea a los órganos. Se ha mostrado que el primer tipo de grasa tiene beneficios contra la diabetes y la enfermedad cardíaca cuando está distribuida alrededor de las caderas.

Es el segundo tipo de grasa, la de la barriga interna, la que es mala para los huesos, dijo. El estudio encontró que este tipo de grasa está asociado con menor densidad de mineral ósea, una medida de la fortaleza de los huesos.

La mayoría de otros estudios sobre la grasa y la osteoporosis habían observado el peso y el índice de masa corporal (IMC), mediciones que no reflejan la distribución de la grasa, dijo.

Y no hay forma de saber a dónde va la grasa cuando subes de peso, pues eso es principalmente determinado por la composición genética, dijo.

Los investigadores también usaron una nueva técnica para mirar la grasa de la médula ósea, o la grasa dentro de los huesos, que también parece hacer a los huesos más débiles. Las mujeres con grasa en la barriga interna también tienen más grasa en sus huesos, dijo Bredella.

De otro lado, también se sabe que las mujeres con anorexia tienen mayor riesgo de osteoporosis. La conclusión es que uno debe tener un peso normal, porque los extremos de mucha o muy poca grasa son ambos malos para los huesos, dijo Bredella.

La investigación será presentada por primera vez en la conferencia, y aún no ha sido publicada en una revista especializada. Más investigación debe realizarse para confirmar los resultados.

http://mexico.cnn.com/salud/2010/12/03/la-grasa-de-la-panza-aumenta-el-riesgo-de-padecer-osteoporosis

domingo, 28 de noviembre de 2010

Tu cerebro libera hormonas de alivio del dolor cada vez que comes

Posadas, día de la Virgen de Guadalupe, Nochebuena, Navidad, Año Nuevo, día de los Reyes Magos... En estas fiestas navideñas muchos comerán más de lo normal, luego caminarán con torpeza: llenos de comida, pero contentos.

Tener la barriga llena de alimento se siente como un cálido abrazo desde dentro.

La evolución nos ha dado el instinto de comer mucho cada vez que podemos, preparándonos para tiempos difíciles. Es un impulso parasobrevivir, como las ardillas que almacenan comida para el invierno. También es un impulso potenciado por la competencia: ganarle a los otros con comida.

Nuestros cerebros nos recompensan por eso al liberar químicos de placer, en la misma forma que pasa con las drogas y el alcohol, dicen expertos.

Los científicos que estudian ese buen sentimiento después de comer lo llaman analgesia de ingestión, literalmente: alivio del dolor por comer.

“Hay circuitos de recompensa para hacernos disfrutar por comer”, dice Roger Cone, profesor y presidente de psicología molecular y biofísica en la Universidad Vanderbilt. “Si no comemos, no sobrevivimos”.

El sentimiento de recompensa aseguró la supervivencia de las especies.

“La mayoría de animales y durante la mayor parte de la historia humana, no habíamos tenido exceso de calorías”, dijo Cone. “Los animales y los humanos tenían que trabajar más duro para sobrevivir. Pero ahora, con calorías ilimitadas en todas partes y con una granreducción en la cantidad de actividad física, nos hemos vueltoobesos”.

A pesar del ambiente moderno bombardeado por anuncios publicitarios de comida rápida, el cableado en el cerebro humano no ha cambiado. Los circuitos de recompensa en el cerebro liberan químicos que dan confort y satisfacción al comer.

Tener ese fácil acceso a la grasa, la sal y el azúcar es un reciente desarrollo en la línea de tiempo humana, dijo Gary Wenk, autor de Your Brain on Food (Tu cerebro y la comida). “Nuestros cuerpos nos recompensan muy bien por comer ese tipo de cosas. Cuando las encontramos, las consumimos tanto como podemos, porque (nuestro cerebro asume que) no sabemos cuándo las vamos a volver a ver. (Aunque) cognitivamente, sabemos que eso no es cierto”.

El cuerpo nos recompensa por las comidas grasosas, saladas y dulces al liberar opiáceos endógenos, que ayudan al control del dolor. Un estudio publicado enNature Neuroscience sugiere que las comidas altas en grasas y en calorías afectan al cerebro en la misma forma que la cocaína y la heroína. Cuando las ratas consumen esas comidas en grandes cantidades, las lleva a hábitos de alimentación compulsivos que se parecen a la adicción a las drogas, halló el estudio.

Aunque comer tanto como es posible ayudó a la humanidad a sobrevivir a tiempos de vacas flacas, no es algo tan ventajoso ahora.

Estar lleno se siente satisfactorio comparado con los dolores del hambre. La comida reemplaza ese vacío con una comodidad somnolienta y relajante, que algunos llaman coma alimenticio. Se establece en el cuerpo mientras las hormonas son liberadas y la sangre se desvía a la digestión, dijo Barbara Rolls, autora de Volumetrics Eating Plan, un plan de dieta basado en sentirse lleno, conocido científicamente como saciedad.

“Empezamos no sintiéndonos bien y malhumorados, entonces comemos y nos sentimos bien”, dijo.

El cuerpo tiene señales naturales para decirnos que dejemos de comer; es cuestión de si nosotros las atendemos.

Cuando la comida viaja a través del estómago, tiene que ser digerida para moverse al intestino delgado superior. Una vez que llega ahí, los intestinos liberan una hormona para decirle al cerebro que deje de comer, dijo Wenk, profesor de psicología y neurociencia en la Universidad Estatal de Ohio.

Conforme aumenta el consumo de comida, el estómago se llena, los niveles de glucosa en la sangre cambian, y la hormona ghrelina, que estimula el apetito, se calma. El sentimiento de saciedad debe hacer terminar el consumo de comida.

Los comensales con frecuencia ignoran esas señales. “Incluso si estás completamente lleno y no puedes comer otro bocado, cuando algo es sabroso, sigues comiendo”, dijo Wenk.

Rolls, profesora de ciencia nacional en la Universidad Estatal de Pennsylvania, tiene este consejo: “Le pido a las personas que no coman como si fuera su última cena”.

Aquí hay algunos consejos prácticos:

  • Come cuando te sientas un poco hambriento, pero no esperes a sentirte famélico, porque probablemente comerás de más.
  • Deja de comer cuando estés plácidamente satisfecho.
  • Trata este ejercicio: Evalúa en una escala entre 1 y 10 qué tan hambriento te sientes (con 1 siendo muy hambriento y 10 extremadamente lleno). Durante la comida, periódicamente haz una pausa para saber dónde estás en la escala, y detente cuando estés en 5.

http://mexico.cnn.com/salud/2010/11/28/tu-cerebro-libera-hormonas-de-alivio-del-dolor-cada-vez-que-comes