Radio www.oyemexico.com

Mostrando entradas con la etiqueta malecon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta malecon. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de agosto de 2010

Inicia rehabilitación del Centro Histórico con recursos de los parquímetros

Los integrantes del Fideicomiso para el Rescate del Centro Histórico de Veracruz con los recursos generados por la operación de los parquímetros, anunciaron el inicio de la primera etapa de las obras por tres millones de pesos en un área que comprende desde la zona del
Malecón hasta la avenida Ignacio Allende.

Se trata de obras de rehabilitación de guarniciones, banquetas y bacheo, entre otras acciones, reveló el presidente de la Canaco, Erick Suárez Márquez, quien agregó que antes de que termine el año estaría ejecutándose la segunda etapa, también por tres millones de pesos, para continuar con la modernización del centro histórico y agregar ocho cámaras conectadas al sistema C-4 para reforzar la seguridad de esta parte de la ciudad.

Precisó que la captación de los seis millones de pesos comprende desde diciembre del 2008 hasta julio del 2010, y de ahora en adelante, ya no habrá ninguna traba para la ejecución de los trabajos ya que quedó constituido formalmente el Comité Técnico de Obras, con sus reglas de operación que era un requisito que solicitaba el fiduciario (banco) para ejercer los recursos.

Por su parte, el Director de Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Veracruz, José Luis Zavala, también integrante del Fideicomiso, destacó el interés de la sociedad civil y del sector empresarial por vigilar la correcta aplicación de los recursos que genera la operación de los parquímetros, que por cierto, dijo, se han reducido a su mínima expresión las quejas.

Participaron en este evento, los también miembros del Fideicomiso Ramón Cano Uscanga y Belgio Amaya, así como el vicepresidentes de Canaco, Francisco Faces Zamora y Karla Raquel González Castillo y el auditor del a cámara Sergio Uscanga Rodríguez.

martes, 25 de mayo de 2010

De política y cosas peores

Armando Fuentes Aguirre Catón

Veracruz es la sonrisa de México. Los jarochos son gente alegre, jovial y llena de ocurrencias. Un cordial corazón de su alegría es “La Parroquia”. En ese entrañable café bicentenario se junta lo más veracruzano de lo veracruzano. Así como los hombres del medioevo peregrinaban a Tierra Santa, Roma y Compostela, así los mexicanos deberíamos hacer en nuestra vida al menos una peregrinación a “La Parroquia”.

Yo la tengo como mi casa en Veracruz. Cada vez que por mi buena fortuna voy al Puerto, lo primero que hago es ir a “La Parroquia”; saludar a mis amigos los Fernández -a Felipe, esta vez última-, lo mismo que a don Pedro y don Fidel, meseros beneméritos; y beber a sorbos lentos mi lechero con acompañamiento de una bomba, que así se llama en Veracruz el pan que en otras partes recibe el nombre de volcán o concha. El Antiguo Café de “La Parroquia” es escenario de homéricas bromas. Una de ellas es conocida como “El juez”.

De esa tremenda jugarreta hacen víctima los jarochos a algún inadvertido visitante. Dos comensales -toda la mesa está en el ajo ya- comienzan a hacer alarde de su fuerza física. Después de un intercambio de jactancias se desafían a jugar vencidas. Compiten por dos veces -cada uno de los contendientes en aquella simulada justa gana en una ocasión-, y luego se acusan mutuamente de haber hecho trampa. Acuerdan jugar el desempate, y los presentes cruzan apuestas -cuantiosas algunas de ellas- en favor de uno o el otro. Sugiere alguien entonces: “Como ahora hay dinero de por medio, es necesario designar un juez”.

Todos coinciden en nombrar al recién llegado: no conoce a ninguno de los competidores, lo cual es garantía de imparcialidad. El forastero, halagado acepta aquel honroso cargo. Para entonces la mesa ha sido rodeada por un numeroso público -que también está en el ajo ya-, que simula gran interés en la contienda.

Se le dice al juez que esté muy pendiente de que ninguno de los competidores haga trampa. Deberá contar hasta tres, y ésa será la señal para empezar la justa. Se acomodan bien los contendientes; se toman con firmeza por la mano, dispuestos ya a probar su fuerza. Se hace un silencio profundo y expectante. El juez, solemne, poseído de su trascendental función, cuenta muy serio: “Uno... Dos... ¡Tres!...”. Ha caído en la trampa.

Cuando dice: “¡Tres!”, toda la concurrencia grita a voz en cuello: “¡Chingue a su madre el juez!”. Luego prorrumpen todos en una formidable carcajada, y celebran con aplausos el hecho de que -otra vez- la broma salió bien. El infeliz mortal que ha sido víctima de la pesada chanza queda mohíno y apesadumbrado.

Durante varios días se le ve abatido, cogitabundo y cabizbajo, pues una mentada así doblega el ánimo más firme, origina un trauma como para ir con el psiquiatra, provoca disfunción eréctil y quita las ganas de seguir viviendo (se ha sabido de alguien que tras sufrir la broma se ha arrojado al mar).

http://impreso.milenio.com/node/8772776